SOMBYF, tablas de surf
SOMBYF, tablas de surf

La idea se le ocurrió a M quien más tiempo tenía en el ambiente. Como en su casa no había espacio, decidimos hacerlo en la mía. Podríamos aprovechar la sombra del techo que cubría el garage, a fin de cuentas nuestro trabajo sería en las horas que el vehículo de mi padre no necesitaba el estacionamiento.

Unas cajas en los extremos, una hoja de triply con ellas como sostén, sería nuestra mesa de trabajo. Encima, una alfombra vieja para no rayar nuestros productos. Unos barrotes delgados de madera metidos entre las cajas nos servirían de cuñas para darle rigidez y evitar movimientos que complicaran nuestra labor.

Lijas, fibra de vidrio, tapabocas, navaja, brochas y aguarrás(disolvente químico de pinturas), serían nuestras herramientas. La materia prima, tablas de surf de 10’ de largo (poco más de 3 metro), viejas, que podíamos conseguir a buen precio. Lo importante era la quilla y no presentaran  golpes que hubieran filtrado agua al foam.
Con todo armado estábamos listos, ya podíamos trabajar. Quedamos de iniciar un sábado, temprano. “¡Mi’jo, te habla el representante de Hong Kong!” escuche gritar a mi padre quien, por alguna extraña razón, así nombraba a M. “¡Chale chale con tu jefe!”, se quejaba tímidamente M cuando estábamos a solas.

Ese primer día de trabajo la jornada fue buena y en la tarde, descansando, platicamos los planes sobre nuestro futuro empresarial. Retomamos la conversación tocada superficialmente unas horas antes ¿qué nombre tendría nuestra marca de tablas de surf?

Como en una verdadera junta de trabajo, se vertieron muchos nombres. Tablas Ensenada, Cachanilla Surfboards, Lomalinda Surf, Watchtower Surfboards fueron algunas de las propuestas que recuerdo. T, a pesar que llegó cuando la discusión estaba muy adelantada, propuso “Rabanito Surfboards”, parodiando al tipo pelirrojo que vivía a la vuelta de mi casa- por quien no sentía mucho aprecio- y un poco también para enfatizar lo ocioso que le parecía nuestra discusión. Él prefería escuchar a Led Zeppelin y fumar. Tabaco, a esas horas.

¿Y si le ponemos SOM? dije. “¡Ni madres!” respondió M, “en todo caso Beatríz se escucha mejor…”. Y otra discusión que parecía no tener fin dio inicio. T riéndose, burlándose de nosotros, mostraba su enfado, considerando que eran niñerías nuestros argumentos.

Después de algunas horas de intenso debate acordamos por unanimidad – T incluido- llamar a nuestra marca SOMBYF. Las tres primeras letras eran las iniciales de la chaparrita de cabello largo de quien yo estaba enamorado. Las otras tres, eran las de la delgada joven rubia a quien M decía amar.

Y ya con el acuerdo sobre el nombre de los surfboards, convencidos que dentro de poco competirían con los fabricados en Hawai, nos fuimos al Parque Revolución a fumar y reírnos de las cosas por las que uno ríe cuando tienes 16 años. T para entonces, ya estaba feliz. M y yo, mucho más. Habíamos inmortalizado a esas dos chicas que nos hacían soñar. Sus nombres serían conocidos en todas las playas del mundo en las que hubiera surfos deslizándose sobre las olas.

photo credit: mayrpamintuan via photopin cc
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2 comentarios sobre “Surfos enamorados

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