{"id":1009,"date":"2026-07-29T03:37:54","date_gmt":"2026-07-29T03:37:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.lastierrasdelrincon.org\/bitacora\/?p=1009"},"modified":"2026-07-29T03:37:54","modified_gmt":"2026-07-29T03:37:54","slug":"aperingela-con-ganas-carnal","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.lastierrasdelrincon.org\/bitacora\/2026\/07\/aperingela-con-ganas-carnal\/","title":{"rendered":"Aper\u00edngela con ganas, carnal"},"content":{"rendered":"<div class=\"wp-block-image\">\n<figure class=\"aligncenter size-full is-resized\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"800\" height=\"533\" src=\"http:\/\/www.lastierrasdelrincon.org\/bitacora\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Image.jpeg\" alt=\"El Pachuco Jos\u00e9 y su Grupo\" class=\"wp-image-1011\" style=\"aspect-ratio:1.500982087889537;width:597px;height:auto\" srcset=\"http:\/\/www.lastierrasdelrincon.org\/bitacora\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Image.jpeg 800w, http:\/\/www.lastierrasdelrincon.org\/bitacora\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Image-300x200.jpeg 300w, http:\/\/www.lastierrasdelrincon.org\/bitacora\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/Image-768x512.jpeg 768w\" sizes=\"auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px\" \/><\/figure>\n<\/div>\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ese d\u00eda la comunidad estaba de fiesta, por lo que decidieron que el&nbsp;<em>Grupo del Pachuco Jos\u00e9&nbsp;<\/em>se hiciera cargo de la m\u00fasica en vivo. Estaba compuesto por cinco hombres y dos mujeres. Todos latinos, salvo un&nbsp;<em>carnal&nbsp;<\/em>de origen chino que tocaba el saxof\u00f3n. Ellas y ellos con vestimentas a la usanza juvenil de los a\u00f1os cuarenta del siglo pasado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A la primera melod\u00eda los presentes se abalanzaron a la pista, luciendo sus zoot suit. Una pareja se alborota con la estrofa de la canci\u00f3n: \u201c<em>En el s\u00e1bado en la noche \/ yo me voy a borlotiar \/ con mi linda pachucona, las caderas a menear\u2026\u201d<\/em>. \u00c9l, sin saco, portaba tirantes obscuros que contrastaban con su blanca vestimenta. Una flor incrustada en la cabellera de su acompa\u00f1ante, resaltaba la alegr\u00eda en su rostro moreno al ver los \u00e1giles movimientos de su hombre. Sus miradas no disimulaban la querencia entre ellos mientras los pies y brazos de este d\u00fao parecieran no querer ni necesitar descanso.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Vi\u00e9ndolos tan entregados el uno al otro, Hortensia tuvo la certeza que su momento hab\u00eda llegado. \u201c<em>Abre tu coraz\u00f3n, mi\u2019ja. Hoy puede ser tu d\u00eda. Uno nunca sabe.<\/em>\u201d dec\u00eda su abuela.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Despu\u00e9s de algunas rolas de swing el grupo cambi\u00f3 de g\u00e9nero, animando a\u00fan m\u00e1s la fiesta. Entre la multitud dos almas solitarias esperaban los favores de la ventura. Sin conocerse siquiera, sin saberlo a\u00fan, estaban a punto de iniciar juntos un viaje a la tierra prometida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">#1<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El bullicio de los asistentes, gritos y sonrisas, llenaban por completo el espacio circundante. Abundaban los&nbsp;<em>tacuches&nbsp;<\/em>entre los presentes. Sacos que llegaban a las rodillas y pantalones bien fajados arriba del ombligo, luc\u00edan junto a las perneras anchas de pu\u00f1os ajustadas y valenciana. Algunos portaban una pluma de fais\u00e1n en el sombrero. Muchos eran clientes de la tienda&nbsp;<em>El Pachuco Zoot Suit&nbsp;<\/em>ubicada en Fullerton, o alguna otra similar, que se especializaban en la venta de estas prendas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Inmersa en ese ambiente, Hortensia se sent\u00eda&nbsp;<em>proud to be chicana<\/em>. Con donaire luc\u00eda su vestido y zapatillas, escogidas gracias a las sugerencias de la misma Vanessa Estrella, nuera del fundador de esa casa comercial. Adem\u00e1s de identidad, ese atuendo le daba el ancla necesaria para permanecer a ras del suelo, afianzando el contento de pertenecer al barrio. Tambi\u00e9n albergaba la esperanza de mitigar el dolor de no tener un hombre con qui\u00e9n compartir sus d\u00edas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Dispuesta a dejar que el destino hiciera lo suyo, Hortensia acomod\u00f3 sus medias y con la mano alis\u00f3 su cabellera. Estaba lista, en espera del milagro. Aunque pasaba de los cincuenta, cre\u00eda firmemente en un destino mejor. Present\u00eda que lo que estaba a punto de ocurrir, borrar\u00eda por completo el recuerdo de su pasado. Las mal logradas relaciones anteriores dejar\u00edan de ser una espina en su coraz\u00f3n.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tony tambi\u00e9n lleg\u00f3 al festival con gran entusiasmo. Desde que se enter\u00f3 del evento, las palabras de su madre resonaron en su mente. Ella no se quer\u00eda ir de este mundo sin verlo con una mujer a su lado. \u00c9l expon\u00eda sus razones sobre lo dif\u00edcil que es encontrar la pareja apropiada, pero esos pretextos no val\u00edan ante la sabidur\u00eda de una mujer con la experiencia que da una vida dif\u00edcil. \u201c<em>No es bueno estar solo, mi\u2019jo. Ya no pierdas el tiempo. Nadie va a llegar a tocar a tu puerta. \u00a1Sal a la esquina de tu casa y agarra a la primera que pase por la calle!<\/em>\u201d<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A sus sesenta y tres a\u00f1os, se sent\u00eda fuerte, tanto, que a\u00fan recordaba la forma de caminar como rey por las calles del East L.A. Siguiendo su costumbre, observ\u00f3 atentamente, aunque sin temor, a los presentes. El sentimiento de vivir en la selva hace mucho tiempo hab\u00eda desaparecido. Dej\u00f3 de ser predador. Su mente estaba tranquila: no sent\u00eda deberle a nadie, ni quer\u00eda cobr\u00e1rsela a otro ser humano.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ah\u00ed, frente a \u00e9l, se encontraba Hortensia. Esta no era la esquina de su casa, pero las palabras de su progenitora parecieron materializarse. Sabiendo que para ser hay que parecer, se fue aproximando lenta, elegantemente hacia ella, qui\u00e9n, distra\u00edda, no se percat\u00f3 que era la elegida. Tony llevaba la mano izquierda dentro del bolsillo. Sentir la cadena que colgaba por su pierna y cuyo inicio se escond\u00eda prudentemente al interior de su holgado&nbsp;<em>tramo,&nbsp;<\/em>le daba seguridad. El&nbsp;<em>vato&nbsp;<\/em>estaba a pocos pasos de ella. Sus ojos se encontraron cuando Hortensia gir\u00f3 su rostro. \u00c9l toc\u00f3 con dos dedos el ala de su&nbsp;<em>tando<\/em>, recorri\u00e9ndola de atr\u00e1s hasta la parte frontal. La seguridad y lo alegre de su rostro, fue correspondido por una coqueta sonrisa. Con su mirada Tony la invit\u00f3 a bailar.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El grupo anunci\u00f3 que las siguientes melod\u00edas eran para bailar de cachetito.&nbsp;<em>\u00a1Aperinge a su morra, ese<\/em>!, dijo el Pachuco Jos\u00e9. Se escucharon los primeros acordes del&nbsp;<em>Fot\u00f3grafo de las Estrellas,&nbsp;<\/em>lentos, suaves. Hortensia reconoci\u00f3 ese danz\u00f3n, aunque nunca supo el nombre. Se dirigi\u00f3 hacia \u00e9l, acerc\u00e1ndose lo suficiente para dar acuse de mensaje recibido y aceptado. Tony acort\u00f3 presto la distancia entre ellos. Los dos gustaban de esta m\u00fasica. La madre de Hortensia procur\u00f3 que aprendiera a bailarlo desde ni\u00f1a. Tony le agarr\u00f3 el gusto tomando clases junto a otros chicanos entusiastas en busca de sus ra\u00edces hispanoamericanas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Esa tarde de verano, Boyle Heights creaba las condiciones propicias para que estos dos seres se toparan. Era el escenario ideal para entenderse a ritmo de danz\u00f3n. La pista y la m\u00fasica los esperaban.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin apuros, en medio de la pista, iniciaron el baile. Para dar los primeros pasos ella esper\u00f3 el comando de su hombre, y obediente, sigui\u00f3 su gu\u00eda. Hortensia mostraba su felicidad sonriendo, y apegada al guion, trataba de no fijar la vista en Tony. \u00c9l buscaba insistentemente los ojos de su bailadora. Sab\u00edan los c\u00f3digos, no eran improvisados.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">#2<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La m\u00fasica cambi\u00f3 de ritmo y los dos dejaron de moverse. Tiempo de descanso. Con paciencia deb\u00edan esperar el momento exacto para reiniciar el baile. Hortensia movi\u00f3 r\u00edtmicamente el abanico en su mano. La leve mueca de sus labios, y la alegr\u00eda que brotaba de sus ojos, hicieron hervir la sangre de Tony. Era una tarde calurosa en Los \u00c1ngeles, mas para Hortensia la necesidad de flirtear minimizaba el calor ambiental.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tony, parado frente a ella, con garbo llev\u00f3 el cigarrillo a su boca, haciendo patente la atenci\u00f3n prestada a sus se\u00f1ales. \u00c9l cargaba con la responsabilidad de reconocer el momento preciso en que el baile reiniciara. Era su privilegio, lo que se esperaba de \u00e9l y no estaba dispuesto a cometer errores. Sin esquivar la mirada de Hortensia ni la de otros, manten\u00eda las piernas firmemente ancladas en el piso, con gracia y m\u00fasculos atentos, a\u00fan flexibles. Su lenguaje corporal era el de un hombre seguro, que no sabe titubear en los momentos importantes.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No hab\u00eda preguntas. Las palabras que intercambiaron fueron pocas. Se estaban dando tiempo. Se negaban a dejar que los lugares comunes, esas palabras tantas veces dichas y escuchadas, enturbiaran el momento. Hoy estaban dispuestos a ser ellos mismos. No permitir\u00eda que frases carentes de honestidad entorpecieran el otro lenguaje: el de la confianza y el deseo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella era de Pico Rivera, \u00e9l del East L.A. Sus abuelos hab\u00edan emigrado en los a\u00f1os veinte y empez\u00f3 a gestarse otra realidad familiar. Para las nuevas generaciones ser chicano en Los \u00c1ngeles no fue f\u00e1cil. En los setenta y ochenta las carencias, la marginaci\u00f3n y la violencia, como siameses permanec\u00edan junto a ellos, al igual que sus sombras en aquellas tardes de verano cuando hu\u00edan de la&nbsp;<em>tira<\/em>. En el barrio y en la vida se pagaban las consecuencias de no tener piel blanca y en el caso de Hortensia, hab\u00eda un pago adicional. Ser mujer en un sistema patriarcal y&nbsp;<em>brown&nbsp;<\/em>en tierra de g\u00fceros, fue como empezar la vida con el pie izquierdo.Desde temprana edad, en el seno de la familia, aprendieron a estar siempre en la lucha. Levantarse una y otra vez para seguir viviendo, sin importar las veces que cayeran al piso, aparentemente derrotados. Los lazos familiares eran cuerdas hechas de acero, donde se aprend\u00eda a sobrevivir siendo parte de una comunidad. A trav\u00e9s del barrio preservaban su esp\u00edritu rebelde y su cultura. Por eso amaban a sus parientes, sus amigos, sus comidas, sus calles.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hortensia y Tony decidieron ir a este festival a celebrar. Cada uno a su manera, cre\u00edan firmemente que l<em>os mexicanos nacen donde les da su chingada gana<\/em>. Las vestimentas, el color de piel de los asistentes, escuchar los ritmos y letras que hablaban de cosas que les eran familiares, reafirmaban sus identidades y alimentaban el deseo para seguir adelante. Significaba celebrar que las cosas estaban bien. Era el grito de su raza atestiguando que segu\u00edan aqu\u00ed, que no se ir\u00edan porque esta tierra les era suya.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">#3<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hortensia levant\u00f3 el me\u00f1ique cuando dej\u00f3 de mover el abanico. Tony aprovech\u00f3 la se\u00f1al para abrazarla. Su mano izquierda recibi\u00f3 la mano de ella y la levant\u00f3 a la altura de su hombro. El brazo derecho rodeo la cintura y toc\u00f3 su espalda. Ella sinti\u00f3 las manos fuertes de Tony y por su humanidad circul\u00f3 una corriente el\u00e9ctrica que le puso la carne de gallina. Su cuerpo no sab\u00eda mentir. A\u00fan recordaba lo que era sentir el calor de un hombre a su lado.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tony lo not\u00f3 y su cuerpo dej\u00f3 que ese flujo tambi\u00e9n recorriera su organismo. Sus m\u00fasculos se volvieron tan buenos conductores como el cobre. Acerc\u00f3 a la bailadora. Las carnes a\u00fan firmes de Hortensia tambi\u00e9n se transformaron, permitiendo que, despu\u00e9s de permanecer tantos a\u00f1os almacenada, la sobrecarga fuera liberada. En ese instante, como un torrente, fluy\u00f3 impetuosa hacia su destino.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La belleza de Hortensia dando finos pasos de danz\u00f3n, le reafirmaron a Tony que la velada estaba en su mejor momento. Por su parte, ella estaba segura que el universo actuaba a su favor. Lo sinti\u00f3 desde el momento en que lo vio acercarse. El movimiento de la pluma en el sombrero de ese carnal le record\u00f3 el cortejo de las aves. Este macho alfa, emplumado, elegante, cadencioso y sonriente, mostraba lo mejor de \u00e9l para que ella lo escogiera de entre los otros del corral. Su vista, fija y penetrante, hicieron que la oferta no pudiera ser rechazada.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">#4<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noche llega y el baile termina. Salen de la pista despacio, con pasos cadenciosos, porque para esta pareja, la historia apenas comienza. Tony ofrece su brazo flexionado y Hortensia, firmemente lo amarra con el suyo. As\u00ed permanecen en su corta caminata hacia \u201c<em>La Luna<\/em>\u201d, en la 1ra y Soto. Acepta la invitaci\u00f3n a cenar, no solamente por su deseo de saborear el pozole rojo, sino para sentir a Tony junto a ella.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La m\u00fasica de fondo en el restaurante proviene de la radio. Mariachi y tr\u00edos principalmente. Aqu\u00ed, en este rinc\u00f3n de Aztl\u00e1n, en este restaurante donde las salsas a\u00fan pican, no se escuchan otros g\u00e9neros. Por unos momentos a Hortensia no le hiere que, a dos cuadras de aqu\u00ed, en el&nbsp;<em>Ross Valencia Park<\/em>, mataron a su primo&nbsp;<em>Smiley<\/em>. Por su parte, Tony recuerda su primera clase de teatro en Casa 0101 despu\u00e9s de que sali\u00f3 del&nbsp;<em>juvie<\/em>, esa c\u00e1rcel para menores a la que fue a parar por delitos cometidos en su adolescencia.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hortensia escoge beber un Jarrito de tamarindo. Tony autom\u00e1ticamente pide \u201c<em>a coke<\/em>\u201d, un vaso con hielo y dos limones partidos. Las enchiladas y el pozole en la mesa, eran propicios para el acercamiento sentimental a estos dos seres que se estaban dando la oportunidad de desprenderse de ellos mismos,&nbsp;<em>so they can finally&nbsp;<\/em>enamorarse de nuevo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Aman esta zona de la ciudad. Colindando con el East L.A., este lugar, a pesar de no ser el pa\u00eds m\u00e1gico m\u00e1s all\u00e1 de San Diego, era como sus vidas mismas: ol\u00eda a M\u00e9xico. Tambi\u00e9n aqu\u00ed rifa la piel mestiza y se saben afortunados por ser producto de dos culturas. Son Chicanos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tony se siente bien de andar con su&nbsp;<em>ruca<\/em>, su&nbsp;<em>morra<\/em>, su mujer. Sin pre\u00e1mbulos dice: \u201c<em>I like you un chingo, esa. \u00a1Por vida!<\/em>\u201d Esas palabras hacen brotar capullos en el coraz\u00f3n de Hortensia y magnifican el orgullo que siente de estar aqu\u00ed con su pachuco.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Se dejan llevar como en las monta\u00f1as de los Andes lo hace el gran pajarraco, sin oponer resistencia al viento, gozando, entendiendo que estar vivos es un honor. Sin oponer resistencia, dejan nacer y crecer sentimientos que den cuenta de su capacidad de amar. Estrechan la mano extendida, tom\u00e1ndola como puente que lleva a ese otro cuerpo que, ansioso, espera por ellos. Sin miedo, siguiendo el ritmo que les marca la existencia, porque ahora son dos que han decidido bailar juntos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Porque la vida es como un danz\u00f3n, donde el gran pecado es bailarlo solo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>ESCRITO POR: el Jelipe (J. Felipe Rodriguez Romero) Tijuana, M\u00e9xico &#8211; 2025&nbsp;<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ese d\u00eda la comunidad estaba de fiesta, por lo que decidieron que el&nbsp;Grupo del Pachuco Jos\u00e9&nbsp;se hiciera cargo de la m\u00fasica en vivo. Estaba compuesto por cinco hombres y dos mujeres. Todos latinos, salvo un&nbsp;carnal&nbsp;de origen chino que tocaba el saxof\u00f3n. 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